Desmitificar el Cannabis

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Sumario

despenalizacion cannabisFumar cannabis, incluso de manera habitual, no es perjudicial para la salud. Esta sustancia tan comunmente usada es aún ilegal practicamente en todo el mundo. Numerosas voces han clamado durante años por la legalización, o cuando menos despenalización, de las drogas blandas, entre las que el cannabis es la más popular en todos los sectores sociales. En este terreno tan contencioso, la política holandesa ha sido a menudo denominada la voz de la cordura. En Holanda, los clientes de los coffee-shops pueden comprar hasta 30 gramos de cannabis por un precio aproximado de 15 US $, pese a que técnicamente la droga sigue siendo ilegal. Estos establecimientos no pueden hacer publicidad ni vender cannabis a los menores de 16 años.  
Entre las voces prominentes que no sólo piden reformas legislativas, sino que presentan propuestas constructivas, figuran jefes de policía y médicos municipales, personas que saben sobradamente que las políticas seguidas por la mayoría de los paises son  inefectivas e improductivas. Al mismo tiempo, los políticos han guardado profundo silencio, como si estuvieren temerosos de ofender a poderosos sectores de sus electorados y de mostrar aparente debilidad en la lucha contra el crimen. Cuando ocasionalmente algún político asoma la cabeza por encima del parapeto --como la diputada británica de la oposición Clare Short hizo recientemente al pedir un debate abierto sobre la despenalización del cannabis-- la respuesta es tediosamente previsible: amplia condena por parte de sus colegas y abrumador apoyo de aquéllos que tienen que afrontar al resultado final de la inercia política.  
En el caso de la Sra. Short, no sólo fue rapidamente reprendida por la cúpula del partido, sino que las voces oficiales del mismo se reafirmaron en que la prohibición es perfectamente lógica, ya que la legalización del cannabis comportaría "un incremento del suministro, disminución del precio y aumento del consumo". De acuerdo con un informe del Ministerio del Interior de principios de año, el número de consumidores de cannabis se ha doblado en una década; y ello sin la ayuda de medida "liberal" alguna. Tal vez el auténtico miedo de los políticos radique en que la liberalización del uso de drogas blandas pudiere conducir a un incremento del consumo de sustancias como la cocaína y la heroína. De ser así, deben haber leído muy por encima el informe del gobierno Holandés que señala que la descriminalización de la posesión de drogas blandas no ha comportado incremento de uso de drogas duras.  
Si el enfoque holandés es válido, por qué se están preparando en La Haya cambios que constreñirán la política nacional sobre drogas?. Primeramente el alcalde de Amsterdam propuso cerrar la mitad de los coffee-shops en los que se vende cannabis de la Ciudad y, en este sentido, rechazó un informe de su departamento municipal de sanidad que abogaba por la legalización de las drogas blandas. Entonces el gobierno Holandés, que había hecho la promesa electoral de legalizar el cannabis, emitió el pasado mes un proyecto basado en el plan de Amsterdam. Si, como se espera, el Parlamento Holandés aprueba dichas medidas, la mitad de los 4.000 coffee-shop vendedores de cannabis tendrán que cerrar y la cantidad que podrá adquirir un particular se reducirá a 5 gramos. Siendo así que la revisión de la propia política gubernamental no proporciona argumentos que justifiquen tal cambio de política, habrá que buscar en otros lugares las razones de la reforma. No hace falta ser un observador agudo para percibir que cuando los paises vecinos de Holanda --cosignatarios del tratado de Schengen que estableció un espacio sin fronteras entre Holanda, Francia, Alemania, España, Luxemburgo y Bélgica-- amenazaron con retirarse del acuerdo con la protesta de que Holanda era el mayor proveedor de drogas de Europa, el gobierno holandés tuvo que tomar alguna medida y los coffee-shop pagaron el pato.  
Dejando la política de lado, ¿qué daño encierra la descriminalización del cannabis?. Ningún perjuicio para la salud de los consumidores, mientras que las mafias cuyo sustento depende de la prohibición odian cualquier posibilidad de despenalización. Pero en nuestra opinión la descriminalización no llega lo lejos que debería. Tendría que ir acompañada de controles sobre la producción, distribución y publicidad, de forma similar al tabaco. Un sistema, de hecho, notablemente parecido al que existe en los coffee-shop holandeses.  

El cannabis se ha convertido en un fútbol político en el que los gobiernos están continuamente agachados. Sin embargo, en el fútbol los balones rebotan. Antes o después los políticos tendrán que perder el miedo y afrontar lo evidente: el cannabis en sí mismo no constituye una amenaza para la sociedad, pero su inmersión en la clandestinidad sí puede llegar a constituirlo.  
Para mas información sobre este tema no dudes en dirigirte a la asociación A.R.
S.E.C.
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